Quizás te este pasando algo de esto:
¿Cómo puede manifestarse la ansiedad?
La ansiedad no siempre se presenta de la misma manera. A veces aparece como una preocupación constante; otras, como una sensación de que tu cabeza no puede parar, de estar siempre en alerta o de que algo malo puede suceder, aunque no sepas exactamente qué.
Quizás te cuesta concentrarte, tomar decisiones o disfrutar de cosas que antes hacías con normalidad. Puede que te encuentres más irritable, impaciente o agotado/a mentalmente. Y, en ocasiones, puedes sentir que tus pensamientos se van acumulando hasta llegar a un punto de bloqueo.
También es posible que la ansiedad se manifieste en el cuerpo. Tu cuerpo puede estar expresando aquello que quizá todavía no sabes cómo expresar con palabras.
Puedes notar:
A nivel emocional y mental:
Darle muchas vueltas a las cosas y sentir que no puedes parar de pensar.
Preocuparte constantemente por lo que podría pasar.
Anticipar situaciones y pensar una y otra vez en diferentes escenarios.
Sentirte más irritable, impaciente o sensible de lo habitual.
Tener dificultades para concentrarte o sentir que tu mente está “saturada”.
Sentirte bloqueado/a a la hora de tomar decisiones.
Tener pensamientos negativos sobre ti mismo/a o sobre lo que puede ocurrir.
Sentir miedo o inseguridad incluso cuando racionalmente sabes que “no debería pasar nada”.
Necesitar tenerlo todo bajo control para sentirte tranquilo/a.
Sentir que estás constantemente en alerta y que te cuesta desconectar.
A nivel físico:
Notar tensión muscular, especialmente en cuello, hombros o mandíbula.
Sentir palpitaciones o que el corazón late más rápido.
Tener sensación de falta de aire u opresión en el pecho.
Sudar más de lo habitual o sentirte físicamente inquieto/a.
Experimentar molestias en el estómago, náuseas o cambios en la digestión.
Tener dolores de cabeza o sensación de presión.
Sentir mareos, inestabilidad o sensación de que algo no va bien.
Sobresaltarte con facilidad.
Tener dificultades para conciliar el sueño, despertarte durante la noche o levantarte sintiendo que no has descansado.
Sentirte cansado/a incluso después de haber dormido.
A veces, cuando vivimos con ansiedad durante mucho tiempo, nos acostumbramos a sentirnos así y empezamos a pensar que forma parte de nuestra manera de ser. Pero no tienes por qué vivir permanentemente preocupado/a, en tensión o intentando controlar todo lo que ocurre a tu alrededor.
Si te has reconocido en varios de estos síntomas, puede ser una señal de que necesitas parar y escuchar qué está ocurriendo.
En terapia podemos trabajar para comprender de dónde viene esa ansiedad, qué la está manteniendo y qué necesitas para volver a sentirte más tranquilo/a y recuperar tu bienestar.




Desactivación del estado de amenaza
Ansiedad y sensación de alerta.
La ansiedad puede aparecer de muchas formas: preocupación constante, miedo, tensión dificultad para desconectar o sensación de estar siempre en alerta.
Juntos exploramos qué la esta manteniendo y trabajamos para recuperar calma, seguridad y capacidad de regulación.
La relación contigo mismo/a
Autoestima, inseguridad y autoexigencia.
La manera en que nos hablamos y nos valoramos influye profundamente en cómo vivimos. Trabajamos la inseguridad, la comparación, la exigencia excesiva y los patrones aprendidos para construir una relación más sana y realista contigo mismo.


Las relaciones y los vínculos
Relaciones, apego y comunicación.
Las dificultades en las relaciones pueden estar relacionadas con nuestra forma de vincularnos, comunicarnos o poner límites.
Trabajamos las relaciones sociales, familiares y de pareja, comprendiendo patrones que se repiten y desarrollando formas de relacionarte más seguras y satisfactorias.
Cuca Asturgó psicóloga
Adolescencia: una etapa para comprender y acompañar
La adolescencia es una etapa de grandes cambios, en la que pueden aparecer dificultades relacionadas con la autoestima, la ansiedad, las relaciones, la identidad o la gestión emocional. El proceso terapéutico ofrece un espacio seguro para el adolescente y, cuando es necesario, incluye el acompañamiento y la orientación a las familias.
El malestar emocional no aparece de la nada. Comprender que lo provoca y que lo mantiene es el primer paso para poder recuperar el equilibrio.
Valoramos tu situación individual desde el rigor profesional para ofrecerte un marco terapéutico adaptado a tus necesidades.




